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Martes 30 de Octubre de 2012

Puentes bajo el agua


Su construcción se reducía al mínimo imprescindible, todo a base de madera, por ser la más abundante y a la vez la más económica. El fin siempre  el mismo, unir una orilla con la otra, acortando así espacios y tiempos.

Se hacían en hacendera fijada por el concejo, y se volvían a reconstruir de igual forma tantas veces como el río los arrancaba de cuajo en aquellas crecidas que solían repetirse todos los inviernos, consecuencia de las lluvias torrenciales, del deshielo, o de ambas a la vez, lo que hacía que el reguero más pequeño se convirtiera por unas horas en un inmenso amazonas de aguas embarrizadas, que saltaban de su lecho para inundar vegas enteras, en las que dejaban la marca inequívoca de su paso.

Me acuerdo del Canalón, entre Lodares y Vegamián sobre el río Lodares, un puente peonil que, en la primera mitad del siglo pasado, se convirtió en uno de hormigón armado con dos ojos, al que las grandes crecidas pasaban siempre por encima; del de Quintanilla, que salvaba el río Rucayo y que nunca prosperó de sus primitivas hechuras; el de San Cibrián también sobre el Porma, que daba acceso desde el Campo al pueblo del mismo nombre y a Solle; y de los dos más importantes sobre el mismo río en su cauce alto, el de Vegamián y el de Armada, que en su último formato cumplieron su función durante treinta y tantos años, menos de los que llevan ya bajo el agua.

El de Vegamián, unía el casco urbano con la venta, dando así servicio, por un lado, a Vegamián con Lodares y los cuatro pueblos del valle Reyero y, por el otro, a Vegamián con los cinco del valle Ferreras, más Utrero, Armada y Orones.

Había sido arrastrado por tres veces en otras tantas crecidas del invierno de 1928. Así, en julio de 1929, los alcaldes de Vegamián y Reyero, Federico Castañón y Lorenzo Reyero, reiteraban por escrito a la Diputación la urgencia de hacer la cimentación del puente durante aquel estiaje, por la situación ruinosa que presentaba.

En diciembre de 1929, la Diputación provincial sacó a concurso las obras de construcción con un presupuesto de 13.285,69 pesetas. Estas obras fueron adjudicadas en febrero de 1930, para ser recepcionadas por los técnicos en presencia del Presidente de Diputación, el 2 de marzo de 1931, fecha a partir de la cual Vegamián, Reyero y sus pueblos tenían un puente  capaz de soportar las grandes avenidas de futuros inviernos.

El de Armada, unía la carretera que subía de León a Tarna con el pueblo de Armada, dando servicio a la vez a Orones y también a los cuatro del Ayuntamiento de Reyero; Pallide, Viego, Primajas y Reyero, caso de desestimar la opción de hacerlo por Lodares coronando la colladina.

Cansados igualmente de que el puente de madera lo arrastrase el río un año sí y el otro también, el 12 de abril de 1931, los Alcaldes de Vegamián y Reyero, José Espinosa y Ildefonso del F., junto a los Presidentes de las juntas vecinales de Armada y Orones, solicitaban por escrito a la Diputación de León la construcción de un puente de hormigón armado.

Superados los problemas económicos por la institución provincial, la obra se adjudicó en 23.128,58 pesetas el 15 de septiembre de 1934, firmándose el acta de recepción definitiva el 5 de diciembre de 1935, fecha a partir de la cual el puente comenzó a prestar su servicio.

En el invierno de 1951, la insuficiencia de su desagüe hizo que una fuerte avenida destruyese la margen izquierda del mismo, sustituida provisionalmente por un rudimentario tramo de madera, no siendo hasta el 5 de mayo de 1953 cuando la Diputación sacó a subasta su ampliación.

Ninguno de ellos era legendario, ni mítico, ni fabuloso, pero todos escribieron su historia de experiencias y recuerdos; emotivas algunas, alegres y graciosas otras, pero también duras y penosas, como la ocurrida aquel fin de año 1959 en Vegamián, cuando Luis Alfonso, un niño de 11 años, cayó desde el puente al río con una enorme crecida, para aparecer ahogado después de dos días de intensa búsqueda por los hombres de Vegamián y resto de pueblos, acompañados de la Guardia Civil. El hecho causó gran impacto en todo el Alto Porma, incluso en los qué, niños como él, estábamos afectados y atentos a cualquier conversación que sobre ello se pudiese escuchar en el pueblo.